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Taxi tardón y sentido común

Sorpresas que te encuentras

Un estudiante de la universidad local en Bristol (Inglaterra), sufre una discapacidad causada por una enfermedad mental grave, así como otras discapacidades físicas que le obligan a moverse en silla de ruedas.

Debido a esta discapacidad y la escasez de autobuses locales, el gobierno subvenciona los taxis hasta la universidad, por lo que los taxistas conocen de antemano que tratarán con una persona discapacitada.

Un mediodía sale a buscar el taxi. Debe encontrarse con su asistente de apoyo a las 13:30 horas y sus clases comienzan a las 14:00 horas. Pasan diez minutos sin señal de taxi, así que llama a la empresa del vehículo. Se produce la siguiente conversación:

Estudiante: «Hola, he reservado un taxi para la 13:00 horas, pero aún no ha llegado».

Taxi: «Está en camino. Llegará allí pronto».

Pasan diez minutos más y el taxi sigue sin llegar, de manera que vuelvo a llamar.

Estudiante: «Hola, llamé antes. Mi taxi todavía no ha llegado».

Taxi: «Se encuentra en su zona en este momento, así que estará a punto de llegar».

Estudiante: «Verá, es que debo estar en mi destino dentro de diez minutos…».

Me cuelgan en medio de la frase. En ese punto, comienzo a ponerme nervioso. Llevo media hora junto a la carretera, con un frío glacial y mis problemas mentales me impiden manejar bien las situaciones inesperadas.

Llamo mi asistente social para decirle que llegaré tarde y también hablo con mi cuidador, para que me ayude a calmarme un poco. Finalmente, en medio de todo esto, el taxi llama.

Taxi: «Su taxi está aquí. Estoy fuera».

Estudiante: «¿Dónde está?».

Taxi: «Por la cooperativa. ¿Cómo puedo llegar hasta usted?”.

Estudiante: «No lo sé: No conozco ninguna cooperativa por aquí. Solo por curiosidad, ¿en qué zona se encuentra?”.

Taxi: «Estoy en…” Me indica una zona situada a dos kilómetros de distancia.

Yo: «¡Pedí el taxi para mi domicilio!».

Taxi: «Muy bien, estaré allí en tres minutos».

Cuelga y sigo esperando. Finalmente llega, cuarenta minutos más tarde. Sin expresar ninguna disculpa, subimos al taxi y nos marchamos. Unos minutos más tarde, el taxista se vuelve hacia mí.

Taxi: «Ejem…. muy bien… a ver… ¿cómo llegamos a la universidad?».

Sentido común en medio de la nada

En un polígono industrial de Singapur que únicamente tenía un solo camino de entrada y salida, una persona tuvo una reunión de trabajo. Era razonable pensar que, al finalizar la jornada de trabajo, ese camino se llenaría de gente regresando a sus casas.

En principio, aquella persona no pensado en esta posibilidad, simplemente había planeado que, al terminar la reunión, reservaría un taxi por teléfono.

El lugar en que estaba situado el polígono, aún se encontraba en construcción y todavía no existía ninguna dirección concreta, por lo que fue necesario utilizar la aplicación de la empresa de taxis, para señalar la ubicación en el mapa.

En el lugar de la reunión no había ningún taxi disponible, por lo que finalmente tuvo que llamar a la empresa de taxis y explicarles la situación: se encontraba en esa calle concreta y necesitaba que un taxi llegara a recogerle.

La persona al otro lado del teléfono, le comentó que necesitaba un número de casa o de bloque. El demandante respondió que, se encontraba en un gran descampado con un único sitio en construcción, justo aquel en que estaba. Alrededor no había otros edificios en construcción.

La persona de la empresa de taxis insistió en necesitaba un número de portal, o no podría enviar ningún taxi hasta donde se encontraba el demandante, que repitió que no había absolutamente nada sus alrededores, excepto en el sitio concreto se encontraba.

Finalmente, tuvo que caminar veinte minutos hasta el primer edificio que encontró y llamar de nuevo para poder proporcionar un número.

Una vez en el vehículo, comentó el incidente con el taxista, quien dijo que debería haber inventado un número cualquiera. La lógica es bien fácil: si el taxista no puede encontrar el lugar, llamará!

Esa opción será mucho más fácil que tratar de convencer al operador del teléfono, que desde su asiento en la central de llamadas, no es capaz de que visualizar que el cliente se encuentra en medio de la nada y necesita que le recojan.

Las cosas que se pueden aprender hablando con los taxistas… la experiencia es un grado!

! Animo ¡

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