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Conductor de taxi en Nueva York – un día típico (capítulo 2)

El autobús deja enfrente de su empresa al taxista . Hoy se siente bien. Ha pasado la tarde haciendo recados, limpiando su casa, estudiando para un examen que tendrá en la escuela de fin de semana y machacándose en el gimnasio.

Está preparado para hacer que esa tarde agradable se convierta en una noche productiva.

Son casi las seis de la tarde, justo a tiempo para comenzar su turno de doce horas. Antes de salir a la calle, lleva a cabo una revisión de rutina, asegurandose de que los frenos, limpiaparabrisas, luces y el indicador de combustible funcionen perfectamente. Igualmente, el interior del taxi debe estar limpio.

Es importante mostrarse mínimamente presentable. Como conductor que alquila el coche a una empresa de taxis, debe ser siempre muy consciente de que necesita ganar lo suficiente en su turno, para pagar el contrato de alquiler.

Cuesta mucho alquilar un taxi en Nueva York, casi 90€ por turno. A nadie le gusta terminar su turno de trabajo sabiendo que tendrá que rascarse el bolsillo para pagar el contrato de alquiler.

Finalmente, las revisiones terminan y está listo para comenzar. Arranca el coche y enciende la luz verde.

En la esquina, una mujer sostiene una gran bolsa. Parece que el viento se la va a llevar, a ella y a su bolsa. En realidad, la mujer no lo detiene, pero no hay nada de malo en asegurarse, por si acaso.

Taxista: «¿Necesita un taxi?»

Mujer: «Sí, no voy lejos. Solo a unas manzanas de aquí»

El taxista suspira resignado. La frase «No voy lejos», no es precisamente lo que quería escuchar. Hubiera preferido tener más suerte y dar con un pasajero que le llevara a la otra punta de la ciudad.

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Durante el corto trayecto, charlan sobre el clima y los planes de la mujer para el fin de semana, pero rapidamente llegan al edificio de la pasajera.

Establecer buen ambiente con los pasajeros, es bueno para los negocios, por lo que
le entrega una tarjeta de visita por si decide llamarte la próxima vez que necesite un taxi.

La gente, normalmente llama a taxistas en quienes confía. Esperemos que este viaje de cuatro manzanas, por lo menos sirva conseguir un nuevo cliente en un futuro cercano.

Otro de los pasajeros de su jornada, le entrega un billete de diez dólares, donde incluye un veinte por ciento de propina. Quienes no dan propina son una pesadilla para los taxistas.

En su opinión, la buena experiencia de viaje que puede ofrecer un conductor de taxi, es por sí misma merecedora de propina, además hay que añadir la llegada a tiempo y en definitiva, un servicio profesional.

A lo largo de la jornada de trabajo el clima va empeorando, lo que puede ser bueno o malo para los taxistas. Mucha gente se queda en casa con el mal tiempo, por lo que seguramente habrá menos gente buscando taxi.

Por otro lado, también es probable que la gente que tenga la necesidad de ir a algún lado, a pesar de la tormenta, elijan el taxi, olvidándose de otros medios de transporte.

Más tarde recoge a un hombre de negocios que llega tarde a su vuelo. Este es el viaje favorito del taxista. El aeropuerto se encuentra a quince kilómetros de distancia y cobra por los peajes y la manipulación de maletas.

Si puede llegar a tiempo para el vuelo, podría recibir alguna propina especial, parecida al tamaño de un avión.

Este pasajero no es muy hablador. Mira nerviosamente su reloj y hacia afuera, por la ventana. el taxista intenta iniciar una conversación un par de veces, pero se da por vencido y enciende la radio. Ni siquiera tendrá charlar para ganar su propina.

Después de dejar el aeropuerto, se ocupa de otros pasajeros y antes de darse cuenta, el reloj marca las diez de la noche. A estas horas, la gente suele rondar por las calles en busca de taxi.

Una de las mejores maneras de llenar la billetera de un taxista es circular por la zona de bares. La gente suele actuar con inteligencia: al salir del bar, directamente buscan un taxi. Realmente, en su estado no deben conducir.

El taxista recoge a un grupo de mujeres jóvenes que celebran una despedida de soltera. Una de ellas arroja un montón de confeti, suficiente para bloquear la luneta trasera.

Finalmente, después de dejar a las fiesteras, se toma un descanso para limpiar el taxi y tomarl algún refrigerio como cena, suponiendo que a un burrito de cinco dólares se le pueda llamar cena.

Después se dirige a un barrio cercano con muchos bares. Circula recogiendo pasajeros, mantienéndose bastante ocupado hasta que los bares cierran a las tres de la madrugada.

El resto del turno de trabajo es bastante pausado. Para mantenerse despierto, aprovecha y trata aprender algo de italiano en un CD. Si logra aprender algún otro idioma, será bueno para su negocio.

A las cinco de la madrugada, llena el depósito de gasolina y regresa a la empresa de taxis. Las primeras horas de la mañana son su momento favorito del día, reflejando el amanecer en los rascacielos, creando un paisaje hermoso y tranquilo.

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